A once años del femicidio de mi madre…

Vengo pensando desde ayer qué comunicar este 19 de julio, en el undécimo aniversario del femicidio de mi madre, María Elena Gómez (Miss Mariela). Recordaba ayer, mientras escribía unas notas en una especie de diario que llevo desde hace muchos años, todo lo que he venido haciendo por la memoria de mi mamá y de otras víctimas de femicidio en la Argentina.

Llevo dos años trabajando en el documental Femicidio. Un caso, múltiples luchas, que será mi tesina audiovisual de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA concluida en 2013.
Pienso cuánta energía, amor —o libido, según prefieran— he dedicado a mi madre en estos once años, y celebro que —better late than never!— recién ahora estoy concluyendo el duelo.

Imagino qué le diría a mi madre hoy. No sé si es lo más político que pueda escribir en este blog —siempre intento no descuidar ese abordaje—, pero es esto lo que me surge compartir hoy: una “imposible” carta a mi madre.

Querida mom:
Te vengo recordando e intentando honrar durante once años, tal vez porque fuiste lo más importante que tenía a mis 25 años, cuando te perdí súbitamente de tres puñaladas, heridas que se sintieron como propias.
Hice mucho esfuerzo por hacer lo que vos hubieras querido que hiciera: “luchar por mi libertad y felicidad”. A este deseo le di un marco social que me aportara más sentido: decidí luchar no sólo por tu memoria sino por la memoria de esas tantas víctimas acalladas y asesinadas por los “machos de América”.
Siguiré luchando por vos, por ellas y por mí, para darme una vida que pueda compensar el vacío de tu ausencia. 
Ya no sé qué más puedo hacer para que te sientas orgullosa de mí: puse al femicida en cana —aunque en 2013 salió en libertad, así es la justicia argentina—; busqué persistir en un optimismo tal vez sin gollete durante estos años, a pesar de caer en depresión, de sufrir estrés postraumático, de no encontrarle sentido a la vida sin vos. Te escribí canciones, poemas; pinté cuadros; te hablé en mis sueños; busqué información sobre lo que te estaba ocurriendo en 2005; intenté entender por qué no me habías contado todo lo que te estaba pasando, a pesar de que era tu confidente: seguramente quisiste protegerme. Escribí ponencias, hablé en público sobre cómo los diarios trataron la noticia sobre tu femicidio; se publicó mi trabajo en un libro de ensayos contra la violencia de género editado por la Universidad Nacional de Lanús. Levanté banderas en marchas y movilizaciones pidiendo que cese esta violencia ejercida sobre las mujeres de la cual los femicidios son la máxima expresión. Me invitaron al congreso, a una conferencia previa al #NiUnaMenos de este año, como familiar de una víctima. Me hicieron entrevistas para radio, televisión y medios gráficos. Escribí un guión de un documental que espero poder estar rodando este año. 
En octubre voy a cumplir 37 años, tengo una gatita muy linda, hago danza contemporánea, tomo clases de canto y, desde hace poquito, de chelo.
Creo que me convertí en lo mejor que he podido convertirme, y aún sigo creciendo. Finalmente estoy feliz. El duelo va concluyendo. Y todo esto que he venido haciendo por vos, confío, ayudará a otras mujeres y familiares para que se hagan cargo de sus historias, hablen sobre ello y podamos transformar esta sociedad argentina que en ocho años contabilizó, por lo menos, 2094 mujeres asesinadas a manos de sus parejas, ex parejas o personas allegadas.
Cierro con una foto que me gusta mucho, porque —además de ser bella técnicamente— da cuenta de toda esa fuerza que he sumado en estos años de lucha. A veces siento que las heridas cicatrizaron y que se han vuelto callos. Espero que ello no me impida abrirme a todo lo bueno que está por llegar a mi vida, gracias a —y como consecuencia de— estos once años de lucha.
Mara Avila en el NiUnaMenos 2016. María Elena Gómez, presente.

Foto gentileza del colectivo M.A.F.I.A. tomada en la movilización #NiUnaMenos el 3 de junio de 2016.

My love for you will never die, and I hope you can be proud of me, wherever you are.
Love,
Mara