Motivación de la directora de Femicidio. Un caso, múltiples luchas

Aquí encontrarán la motivación que presenté ante el INCAA en febrero de 2016. En este documento cuento las razones por las cuales deseo realizar este largometraje documental que me tiene como protagonista, directora y guionista. Un agradecimiento enorme a Gustavo Fontán y, sobre todo, a Carolina Reynoso (productora ejecutiva) por acompañarme en este proceso.

 

Motivación

   Mariela nos falta hace diez años. Soy su hija, y quiero luchar contra los femicidios como el de mi madre. Quiero contar su historia.

   ¿Por qué embarcarme en la escritura de un guión que me produce dolor al revivir cada episodio de esta tragedia? ¿Por qué el deseo poderoso de realizar un documental en primera persona sobre el femicidio de mi madre? ¿Por qué exponerme públicamente para contar este caso, a costa de sueños perturbadores y de convivir con el fantasma del femicida por las calles porteñas, cada vez que me presento en algún congreso para hablar sobre el tema?

Mara Avila bebé, junto a su madre, María Elena Gómez

Mara Avila junto a su madre, María Elena Gómez. Foto: Emilio Capasso. Retoque: Pablo Mozuc.

   Por ellas, las víctimas de violencia de género.

   Realizar Femicidio. Un caso, múltiples luchas me permitirá crear una obra que contribuya con la visibilización de la problemática del femicidio –la violencia de género llevada al extremo–, desde mi punto de vista como hija de una víctima.

   El hecho de no tener a mi madre conmigo me ha llevado muchas veces a preguntarme por el sentido de mi existencia: ¿de qué sirve seguir viviendo si la persona que más he amado en mi vida, mi compañera y mi amiga de toda la vida, ya no está aquí para acompañarme?  Busqué un sentido, y lo encontré en la posibilidad de saberme “útil” para la sociedad de la que soy parte. Ofrecer mi testimonio como hija de una víctima de femicidio me devolvió una razón para seguir viviendo. Fue por ello que participé de varios congresos de Ciencias de la Comunicación donde conté cómo había sido el tratamiento mediático del caso de mi mamá, María Elena Gómez, una profesora de inglés de 53 años apuñalada por su pareja, Ernesto Jorge Narcisi, en Puerto Madero el 19 de julio de 2005. En aquel momento, ni los medios de comunicación ni el sistema judicial aludían al femicidio como forma extrema de violencia hacia las mujeres, sino que acostumbraban utilizar sintagmas como “crimen pasional” o “drama pasional”, carentes de toda perspectiva de género.

   Diez años después, a pesar de la mayor visibilización que ha adquirido la problemática, el incesante número de femicidios ocurridos en nuestro país (1808 entre 2008 y 2014, según las cifras de La Casa del Encuentro) vuelve imperiosa la toma de decisiones a favor de la protección de las mujeres.

   Sé que Femicidio. Un caso, múltiples luchas provocará una reflexión social sobre esto que tanto parece molestar: el poder que tenemos las mujeres, el poder de decir “basta” y de darnos una vida de libertad. “Se puede: si una mujer avanza, ningún hombre retrocede”, expresa un cántico de las luchas sociales de las mujeres.

   A ellas dedicaré las imágenes que construyen el relato de mis vivencias como hija de una víctima de femicidio. Les contaré que mi madre quiso dejar a su pareja y que este hombre la apuñaló, pues no pudo soportar que “su” mujer decidiera ser libre. Mamá había sido golpeada por Narcisi. Ella sólo había confesado aquello a dos personas, y había desestimado el consejo de sus amigos/as respecto de denunciar a su pareja.
¿Qué hubiera pasado si mi madre hubiera seguido ese consejo? ¿Estaría hoy viva? No lo sé; y tampoco parece importar demasiado. Lo que sí importa es qué podemos hacer para ayudar a las mujeres que hoy están sufriendo algún tipo de violencia. Importa qué podemos hacer para transformar las prácticas y discursos sociales que continúan reproduciendo una ideología de género (cf. De Lauretis, 1996).

Logo del documental FEMICIDIO. UN CASO, MÚLTIPLES LUCHAS

Logo del documental FEMICIDIO. UN CASO, MÚLTIPLES LUCHAS. Diseño: Pablo Mozuc.

   Desde que empecé a contar mi historia, varias mujeres se han acercado a compartir sus historias de violencia. Necesitamos posibilitar un diálogo con ellas, y brindarles protección desde la sociedad y desde el Estado. Pienso este Estado como un actor crucial en el estímulo de un cine entendido como herramienta de transformación social, como medio de lucha contra todas las formas de opresión y de violencia hacia las mujeres, un cine a favor de los derechos humanos, por sobre todo.

   Aspiro a que mi testimonio contribuya a dar voz a las víctimas que hoy no están, y que avive el fuego de la lucha de las que aún tienen mucho por hacer para seguir vivas, para llevar una vida sin violencia, en libertad y sabiéndose poderosas. A ellas dedicaré mi esfuerzo y mi lucha, porque como sostiene el feminismo: “lo personal es político”. Y es en ese terreno donde mi tragedia ha cobrado sentido.

Mara Avila