Motivación en 2014

Motivación para realizar el documental Femicidio. Un caso, múltiples luchas.

Es mi cumpleaños; acaba de comenzar el día 30 de octubre de 2014, y mi mamá no está para saludarme. Entonces hago lo que he aprendido a hacer en estos nueve años sin ella: encontrar una forma de transformar el dolor. Es por ello que me dispongo a escribir este texto, en el que enumero una serie de razones por las cuales necesito realizar Femicidio: un caso, múltiples luchas, un documental que me permitirá seguir transformando mi bronca y mi dolor. Mi relato será, entonces, útil para la sociedad de la que soy parte. “Lo que se daña en el tejido social se repara en el tejido social”, señaló mi terapeuta recientemente. En este sentido, creo que la única forma de terminar de cicatrizar esta herida es sanándola desde el tejido social en que el femicidio de mi madre se inscribe y cobra trascendencia.

Mara Avila en una jornada de investigación para el documental Femicidio. Un caso, múltiples luchas

Mara Avila en una jornada de investigación sobre la cobertura mediática del femicidio de su madre, en la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de la Argentina, para el documental Femicidio. Un caso, múltiples luchas. Foto: Analía Ávalos.

El 19 de julio de 2005, mi mamá (Mariela) salió a bailar salsa con su pareja; regresó por la tarde a casa a buscar unas direcciones, y ésa fue la última vez que la vi –viva–. Digo “viva”, porque esa madrugada tuve que reconocer su cadáver en la morgue, luego de que Ernesto Jorge Narcisi, el tipo con el que salía Mariela, la hubiera apuñalado con una navaja en Puerto Madero. El hombre fue apresado. El 23 de mayo de 2007 pude verlo en los Tribunales de la calle Paraguay y Paraná a apenas escasos metros, sentado –esposado– mientras era juzgado por el “homicidio simple” de María Elena Gómez (ése era el nombre de mi madre, aunque la llamaban Mariela). El mismo día tuvimos el veredicto para Narcisi: nueve años de prisión –luego reducidos a ocho, tras la apelación de su abogado–.

Quizás si este mismo hecho hubiera ocurrido hoy, mi abogado hubiera buscado catalogarlo en los términos en los que desde 2012 es factible condenar a un hombre por matar a una mujer: por homicidio, con la agravante de femicidio y violencia de género.

En 2005 tenía 25 años y, como dije el día del juicio en mi condición de testigo, “mi mamá era demasiado para mí”. Acaso también era demasiado importante para el sujeto que le quitó la vida con semejante brutalidad, simplemente por considerar que Mariela era algo así como un objeto para su consumo personal y el de nadie más.
Hace apenas unos años, un amigo de mamá me confirmó algo que sospechábamos: Mariela (53) iba a dejar a ese sujeto de apellido Narcisi, diez años mayor que ella. Él era celoso, había sido policía en los ’80s y me desagradaba por motivos que no podía explicitar claramente; eso fue lo que supe de este tipo en su momento.

Mi mamá era una profesora de inglés de clase media porteña, una mujer querida por sus alumnos, alumnas, amigos, amigas y familiares. Nunca imaginé ese “final tan oscuro para alguien con tanta luz”, según lo expresó una amiga suya, luego de recibir la nefasta noticia.

Nadie lo imaginó, y aun así, sucedió. Luego de unos años entendí que Mariela había sido una de las tantas víctimas de femicidios que se cobra esta sociedad capitalista en la que la violencia de género se reproduce a través de tantos Aparatos Ideológicos de Estado, por traer a colación a Louis Althusser (Althusser, 1988).

Hoy, a nueve años del femicidio de Mariela, la sociedad argentina está más sensibilizada ante la violencia de género. Por eso creo que es un momento propicio para seguir visibilizando esta problemática y dar cuenta de que todas y todos debemos reflexionar acerca de una ideología de género que se cobra cada vez más muertes, sin distinción de clase.

Desde mi cómodo departamento en Caballito, quiero salir a la calle a contar mi historia, y exponerme, con todo lo que ello supone. Quiero hablarles de Mariela, de Narcisi, de los multimedios que difundieron la noticia con gran sensacionalismo; de mi bronca, de mi cuerpo como hija de una víctima de femicidio, alguien que baila danza contemporánea mientras se encuentra con el dolor alojado en su pecho.

Quiero abrir una puerta e invitarlos a conocer mi historia, para transformar mi dolor y ponerlo al servicio de la sociedad de la que soy parte. Porque el femicidio de mi madre atraviesa a la vez mi historia familiar y la historia social, debiéndome ante todo a esta última.

Mara Avila

6 pensamientos en “Motivación en 2014

  1. comparto todo tu dolor..y felicito por el testimonio y tu valentia..es la fuerza que heredaste de mi querida MARIELA..
    COMO SIEMPRE A TU LADO QUERIENDOTE DESDE EL MISMO DIA QUE NACISTE..
    GERARDO

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